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LA MANSEDUMBRE SUPERANDO LA ARROGANCIA Y LA PREPOTENCIA

A lo largo de la historia muchos, filósofos y teólogos, han reflexionado sobre la virtud de la mansedumbre. El propio Jesús no es una excepción. El evangelista Mateo pone esta frase en boca de Jesús: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt. 11:24).