Mortificación: ¿una virtud olvidada?

«Convéncete de que no entrarás en sabor y dulzura de espíritu si no te entregas a la mortificación de todo lo que deseas», decía el místico San Juan de la Cruz. El sabor y la dulzura del espíritu, por tanto, nunca se disfrutarán sin mortificarse uno mismo. Pero, en palabras de Karl Rahner, ésta es «una virtud hoy olvidada».