El 9 de septiembre, la Iglesia católica, junto con la Familia Vicenciana, celebra la memoria litúrgica del Beato Antonio-Frédéric Ozanam, laico francés nacido en 1813 y beatificado por San Juan Pablo II en 1997. Ozanam es recordado como un laico comprometido, intelectual brillante y ardiente testigo del Evangelio. Con apenas veinte años, en 1833, fundó en París, junto con algunos amigos, la Sociedad de San Vicente de Paúl para servir concretamente a los pobres. En su corta vida (murió a los 40 años, el 8 de septiembre de 1853), supo conciliar la fe y la cultura, la acción caritativa y la reflexión intelectual, viviendo una vida cristiana ejemplar integrada en todos sus roles: estudiante, profesor universitario, abogado, periodista, esposo y padre. En cada estado de vida, Frédéric vivió profundamente las virtudes evangélicas, demostrando que no hay dos vidas paralelas para los laicos —una espiritual y otra secular—, sino una única existencia unificada por la santidad.
Frédéric Ozanam es el principal fundador de la Sociedad de San Vicente de Paúl, un amplio movimiento laico de caridad presente hoy en todo el mundo. Desde el principio, quiso que las Conferencias de Caridad estuvieran animadas por el espíritu de San Vicente de Paúl, el gran apóstol de los pobres del siglo XVII. Frédéric hizo suyo el carisma vicenciano: creó una red universal de laicos comprometidos con servir a Cristo en los pobres, transmitiéndoles el espíritu de amor, valentía y humildad. Ozanam expresó el ardiente deseo de unir al mundo entero en una sola red de caridad, un sueño que la Sociedad sigue persiguiendo hoy en día.
La figura de Frédéric Ozanam brilla hoy con extraordinaria actualidad. En él, la caridad y la justicia social van de la mano, mostrando el rostro operativo del Evangelio en la sociedad moderna. Ozanam nos enseña que la caridad y la justicia no se oponen, sino que se complementan. Animado por el amor de Cristo, no se limitó a dar limosnas: denunció las causas de la pobreza y promovió medidas audaces para mejorar la condición de los trabajadores y los más débiles. Al mismo tiempo, recordaba que la caridad no espera: no se puede esperar a la reforma social perfecta para ayudar a quienes sufren ahora. Este equilibrio entre el amor concreto al prójimo y la lucha por una sociedad más justa hace de Ozanam un modelo profético para nuestros días.
Frédéric Ozanam se inspiró constantemente en el Evangelio y en el espíritu vicenciano. Él mismo afirmó que quería imitar a San Vicente de Paúl, quien a su vez imitó a Jesucristo, uniéndose así a la gran cadena de santos que se transmiten unos a otros la llama de la caridad. Es el espíritu de Cristo que animaba a San Vicente el que también movía a Frédéric, empujándolo hacia los pobres con corazón de samaritano. En los pobres veía a nuestros señores y amos, según la famosa expresión vicenciana. Al alimentar su vida con la Eucaristía y la oración, Ozanam encontraba la fuerza para entregarse a los demás.
Dios fiel, te damos gracias por haber inspirado al Beato Federico Ozanam y a sus amigos a fundar la Sociedad de San Vicente de Paúl.
Dios de amor, ayúdanos a custodiar y transmitir el espíritu y el ideal del Beato Federico, para que nos guíen en la continuación de su sueño de unir al mundo entero en una única red de caridad.
Dios de la luz, llena nuestros corazones de gratitud por las gracias recibidas a través de esta vocación de servicio.
Señor, bendice la causa de canonización del Beato Federico; concédenos, si es tu voluntad, el milagro que necesitamos por su intercesión, para que la Iglesia pueda pronto contarlo entre los santos.
Padre, Hijo y Espíritu Santo, llénanos de esperanza y haznos vicentinos auténticos, dispuestos a compartir con los pobres nuestros bienes y a nosotros mismos, siguiendo el ejemplo de Frédéric Ozanam.
Amén.