Hoy más que nunca, el sentido último de las acciones humanas no siempre se comprende. Por ejemplo, muchos no comprenden la existencia de acciones humanas desprovistas de interés personal e incondicional. Una de ellas es la donación de órganos. Esta incomprensión se fundamenta en el énfasis que la cultura moderna pone en las acciones interesadas. En la actualidad, se observa un espacio limitado para una cultura de donación. En cierto sentido, esta realidad afecta negativamente la actividad de la donación de órganos. Al enfatizar el carácter generoso del acto de donar, este texto busca mostrar que la donación de órganos se sitúa social y culturalmente en el ámbito de la gratuidad y la voluntariedad. Desde esta perspectiva, la donación de órganos se entiende no como una acción lucrativa, sino como una que solo puede obtenerse y procurarse a través de la generosidad del donante. En este sentido, la donación es un regalo que implica un acto moral de generosidad, una conducta altruista que se inscribe fuera de la lógica del mercado[1].
Comprender la donación como un acto de generosidad humaniza este proceso. Humanizar la donación permite que otras personas que necesitan un trasplante inicien una nueva vida gracias a la generosidad de los donantes. Estos donantes ofrecen sus órganos motivados por el valor intrínseco de este acto. Enfatizar el aspecto generoso de la donación de órganos tiene un doble propósito: primero, crear mayor conciencia sobre el valor y la trascendencia de este acto; segundo, fomentar la participación de la población en la promoción de la donación. Las estadísticas del Instituto de Administración de Recursos y Servicios de Salud de Estados Unidos indican que más de 113 mil personas figuran en la lista nacional de espera de trasplantes. Las mismas estadísticas revelan que, del total de personas en la lista de espera, dos de cada tres son mayores de 50 años, aproximadamente 2 mil son menores de 18 años, y más del 59% pertenecen a minorías étnicas. Estas cifras también indican que cada diez minutos se agrega una persona a la lista nacional de espera de trasplantes, y aproximadamente 22 personas mueren cada día en Estados Unidos mientras esperan un trasplante[2]. Es crucial continuar fomentando la promoción y sensibilización sobre la donación de órganos, asegurando que este acto siga siendo una expresión de generosidad y no una obligación. Según el médico cirujano Nicolás Brozzi, la generosidad humana también ha traído buenas noticias[3].
Según el Diccionario Esencial de la Lengua Española de la Real Academia Española, la palabra latina “generositas” se refiere a la cualidad de ser generoso. En este sentido, una persona generosa es aquella que da lo que posee de manera desinteresada. No obstante, la generosidad no se limita a la posesión de bienes materiales, sino que abarca también la entrega de lo que uno es, implicando dedicación e incluso sacrificio personal. En consecuencia, toda persona generosa exhibe un rasgo de magnanimidad, es decir, posee una “grandeza de alma”. Esta amplitud de espíritu le permite desprenderse de sus posesiones sin ser dominada por ellas. Desde esta perspectiva, la generosidad se revela inseparable de una forma de libertad y dominio personal. Es bajo esta comprensión que proponemos analizar la donación de órganos como un acto de generosidad; un acto desinteresado en el cual un individuo se entrega libremente en beneficio de otros. Si aspiramos a incrementar la tasa de donación de órganos en el mundo, resulta fundamental fomentar una cultura de la generosidad en diversos ámbitos de nuestra sociedad, incluyendo familias, escuelas, iglesias, universidades y supermercados. Esta generosidad debe extenderse no solo a quienes conocemos, sino también a todos aquellos que la necesiten.
Otro elemento de suma importancia al abordar el carácter generoso de la donación de órganos radica en el potencial de un donante para salvar hasta ocho vidas, al poder donar órganos vitales como el corazón, dos pulmones, el hígado, el páncreas, dos riñones y los intestinos. Este hecho constituye un paradigma de cómo se puede ofrecer vida después de la muerte. Por consiguiente, resulta significativo enfatizar la virtud del saber dar. La persona generosa se distingue por discernir lo que es debido ofrecer. En ocasiones, la vida nos presenta circunstancias que demandan la asistencia de otros, trascendiendo la mera ayuda económica. ¿Cuál sería nuestra reflexión si un familiar cercano, aquejado por una grave enfermedad, requiriese un trasplante de médula ósea y descubriésemos nuestra compatibilidad? ¿Y si la necesidad fuera de un riñón? ¿Procederíamos a la donación si con ello pudiéramos preservar su vida?
Comprender la donación de órganos como un acto intrínsecamente generoso podría mitigar la problemática de donantes cuyas motivaciones subyacentes no se alinean con la gratuidad. Adicionalmente, permitiría reducir la actitud de aquellos donantes que, en ciertos casos, albergan la expectativa de alguna forma de gratificación o reciprocidad[4]. La esencia de la generosidad reside en dar desinteresadamente, sin establecer condiciones previas. Insistir en el carácter generoso de la donación de órganos podría contribuir a disminuir controversias como el tráfico de órganos o el turismo de trasplantes, fenómenos que obstaculizan el incremento en la tasa de donación.
En la actualidad, promover activamente el carácter generoso de la donación de órganos se erige como una urgencia apremiante si nuestro genuino anhelo es seguir brindando una segunda oportunidad de vida con calidad a innumerables individuos que aguardan un trasplante. Cuanto mayor sea el número de donantes altruistas, mayor será la cantidad de vidas que podrán salvarse o cuya calidad se verá significativamente mejorada, y consecuentemente, se reducirá la lista de espera de pacientes.
Como comunidad vicentina, definida por el amor y la generosidad, los invitamos a donar vida y esperanza. San Vicente nos enseñó a servir con el corazón. Dejen un legado trascendente: regalen una segunda oportunidad de vida a través de la donación de órganos. Recuerden que la caridad no conoce límites. Su generosidad tiene el potencial de salvar vidas; consideren hacerse donantes de órganos. Su donación puede ser la luz en la existencia de otra persona. Como vicentinos, multipliquemos el milagro de la vida mediante la donación.
Por Jean Rolex, C.M.
[1] Guerra, R. (2005). Donación de órganos: comprensión y significado. Tesis para obtener el título de licenciado en sociología. Universidad de Chile.
[2] Administración de Recursos y Servicios de Salud de EE. UU. (2020). Trasplantes de rostro y manos: ocho cosas a saber. Recuperado de https://donaciondeorganos.gov/sobre/qu%C3%A9/2hap/face-hands.html
[3] Pujadas, E. (2019). Donar órganos: Un acto de generosidad que transforma vidas en tiempo de acción de gracias. Recuperado de https://doralfamilyjournal.com/donar-organos-un-acto-de-generosidad-que-transforma-vidas/#.
[4] Carrasco Andrino, M. (2015). El Comercio de Órganos Humanos Para Trasplante. Valencia, Tirant lo Blanch.