Para el carisma vicentino, el cuidado de la casa común no es un tema secundario, sino la expresión de una fe profundamente comprometida con la realidad. Debemos partir de la certeza de que «el mundo es la creación de Dios, el lugar de su gracia, el lugar de nuestra salvación. Separarse o intentar escapar del mundo no es vicentino» (Juan Patricio Prager, CM, El carisma y la espiritualidad vicenciana: nuestro estilo de vida). Los dolores de la tierra y de los que la habitan no nos son ajenos; al contrario, «los problemas del mundo son nuestros problemas» (Ibid.).
Esta mirada contemplativa y agradecida tiene raíces profundas en nuestros fundadores. Santa Luisa de Marillac, meditando sobre el orden del cosmos, nos invitaba a alabar al Creador a través del cuidado de lo creado, expresando su deseo de vivir:
“honrando, en este mes, ese sagrado orden que en la creación puso la verdadera y única divinidad” (Santa Luisa de Marillac, Correspondencia y escritos, E. 86).
Justicia social y ecología integral: La voz de la Iglesia
Hoy, la crisis ecológica y la crisis social están íntimamente conectadas. El Papa Francisco, a través de la encíclica Laudato Si’, «anima a las personas a asumir la responsabilidad por la tierra, pidiendo un mayor cuidado de nuestra casa común y de sus criaturas, así como de los más vulnerables» (P. Tomaž Mavrič, CM, Una espiritualidad de ojos abiertos: El carisma vicenciano y la reforma de la Iglesia).
Este magisterio nos recuerda que no podemos desligar la defensa del medio ambiente del servicio a la humanidad sufriente. La ecología integral «pide un mayor respeto por el medio ambiente y por aquellos que viven en la pobreza, y por la protección de la vida humana» (Ibid.). Como parte de una realidad compartida, se requiere promover: “soluciones integrales que consideren las interacciones dentro de los propios sistemas naturales y con los sistemas sociales” (Papa Francisco, Carta Encíclica Laudato Si’, n. 139).
Para unir la oración a la acción litúrgica por esta causa común, la Iglesia ha dado pasos significativos. Recientemente, «el Vaticano presentó la nueva “Misa por la Custodia de la Creación” aprobada por el Papa León XIV» (Corazón de Paúl – Red de Evangelización vicentina, 5 de julio de 2025), quien además presidió la primera Eucaristía bajo esta intención, invitando a desarmar el corazón y sanar la armonía original con la tierra.
La caridad afectiva y efectiva: Responder al clamor de la tierra y de los pobres
La ecología vicentina nos exige pasar de los buenos sentimientos a los compromisos concretos. La caridad vicentina es una «espiritualidad de la acción» y se demuestra con el sudor de nuestra frente (El carisma vicenciano en la Iglesia). Responder al clamor de la tierra y de los excluidos significa ofrecer hoy: “un servicio desde la justicia y la solidaridad” (Estatutos de la Familia Vicentina del Ecuador “FAVIE”, Art. 3).
El Superior General de la Congregación de la Misión, el Padre Tomaž Mavrič, CM, nos urge a ejercitarnos en este amor responsable a través de una mística comprometida: “Ha llegado el momento de… vivir la mística de ojos abiertos, es decir, reconociendo en la persona de los pobres a Jesús que viene a nosotros” (P. Tomaž Mavrič, CM, Carta de Adviento 2025: Un Adviento con los “ojos abiertos” para vivir la mística de la caridad).
Mantener los ojos abiertos nos obliga a cuidar activamente a las víctimas del egoísmo humano y ambiental, construyendo juntos un mundo más fraterno, compasivo e integral.