Con motivo de esta celebración[1], ofrecemos una guía pastoral y devocional para prepararnos espiritualmente, redescubriendo el significado de ese signo y comprometiéndonos en un camino de oración y caridad comunitaria. El tono es familiar e inspirador: María, nuestra Madre, nos invita de nuevo a acercarnos a su Hijo con confianza, siguiendo los pasos de San Vicente de Paúl y los santos vicentinos.
Notas históricas: la aparición de la Rue du Bac y el nacimiento de la Medalla

Representación de la Medalla Milagrosa (anverso y reverso) según el modelo mostrado por la Virgen a santa Catalina Labouré en 1830. La invocación grabada dice: «Oh María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a ti», y resume el mensaje mariano.
La historia de la Medalla Milagrosa comienza en la noche del 18 al 19 de julio de 1830, en París. En esa fecha, la joven Catalina Labouré, novicia de las Hijas de la Caridad, recibe inesperadamente la gracia de ver a la Virgen María en la capilla de la Rue du Bac. Es la primera de tres apariciones que tuvieron lugar entre julio y diciembre de ese año[2][3]. Durante estos encuentros, María confía a Catalina una importante misión: difundir un signo de su amor maternal y de la gracia de Dios. En concreto, la tarde del 27 de noviembre de 1830 —fecha que más tarde se convertiría en la fiesta litúrgica—, Catalina, durante la meditación comunitaria, tiene una visión de la Virgen Inmaculada «de pie sobre un globo, con los brazos abiertos de los que brotaban rayos de luz»[4]. Alrededor de la figura se forma una aureola ovalada con la famosa invocación «Oh María, concebida sin pecado, rogad por nosotros que recurrimos a vos»[5]. Inmediatamente después, la visión muestra también el reverso de lo que parece ser una medalla: una cruz entrelazada con la letra M, las imágenes de los Sagrados Corazones de Jesús y María, y doce estrellas alrededor[6]. María misma le pide a Catalina que «haga acuñar una medalla según ese modelo», prometiendo que «todos los que la lleven con fe recibirán grandes gracias»[7][8]. Este detalle hace que la Medalla Milagrosa sea única: es la única medalla mariana diseñada y solicitada directamente por la Virgen durante una aparición[9].
Fieles a las indicaciones recibidas, en los dos años siguientes el padre Jean-Marie Aladel (director espiritual de Catalina) se encarga de acuñar las primeras medallas. En febrero de 1832 estalla en París una violenta epidemia de cólera (más de 20 000 víctimas); las Hijas de la Caridad comienzan a distribuir 2000 medallas a los enfermos y a los pobres, y enseguida se multiplican las curaciones prodigiosas, las protecciones y las conversiones inesperadas[10]. El pueblo de París, al constatar esos beneficios extraordinarios, comienza a llamar a ese pequeño objeto la «Medalla Milagrosa»[10]. En pocos años, la devoción se difunde enormemente: ya en el otoño de 1834 había más de 500 000 medallas en circulación; pocos años después se contaban millones en todo el mundo[11]. Sor Catalina Labouré, que había guardado humildemente el secreto de las apariciones durante toda su vida, vio cumplida la misión que le había confiado la Virgen. Solo después de su muerte (ocurrida en 1876) se supo que ella era la vidente de la Rue du Bac; Catalina fue proclamada santa por Pío XII en 1947[12]. Mientras tanto, la Iglesia reconoció oficialmente la validez de esta manifestación mariana: el papa León XIII, en 1894, extendió a la Familia Vicenciana la fiesta litúrgica de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa al 27 de noviembre, confirmando así la importancia espiritual de lo ocurrido en la Rue du Bac[1].
El significado espiritual de la Medalla en la tradición vicenciana y mariana
La pequeña Medalla Milagrosa no es una simple devoción facultativa, sino que conlleva un profundo mensaje espiritual, en plena armonía con la tradición mariana de la Iglesia y con el carisma vicenciano. En ese signo elegido por el Cielo se pueden apreciar al menos tres aspectos centrales de la fe:
- María Inmaculada y Mediadora de gracias: La Virgen reveló la oración grabada en la medalla antes de que la Iglesia definiera el dogma de la Inmaculada Concepción (1854). Con las palabras «Oh María, concebida sin pecado…», María proclama su identidad de «toda pura» desde el primer instante de su vida[13]. De este privilegio (debido a los méritos de Cristo, su Hijo) deriva su poder de intercesión en nuestro favor[14]. Las manos abiertas de María, de las que brotan rayos luminosos en la visión, simbolizan precisamente las gracias que ella obtiene de Dios para quienes se las piden[15]. Sin embargo, algunos rayos permanecen oscurecidos: son —explicó la Virgen— las gracias que nadie pide[15]. Es una fuerte invitación a acercarnos con confianza a María, invocando su ayuda maternal en cada necesidad. ¡Cuántas veces, en estos dos siglos, los fieles de todo el mundo han rezado con esa jaculatoria, experimentando consuelo, protección e incluso milagros! María misma sigue obteniendo de Dios las gracias simbolizadas por esos rayos de luz; la única condición que nos pide es que nos acerquemos a ella con la confianza sencilla y valiente de los hijos[14]. Ella nos conduce entonces a Jesús: «Haced acuñar una medalla… las gracias serán abundantes para todas las personas que la lleven con confianza», le había dicho a Catalina[16]. Todavía hoy, la Virgen, a través de este signo, nos repite que nada es imposible para Dios y que quien reza con fe no queda defraudado.
- Vocación a la santidad y a la caridad: La Medalla muestra en el reverso la letra M entrelazada con la Cruz de Cristo, signo de que María está indisolublemente unida al sacrificio redentor de su Hijo, y debajo de ella los Corazones de Jesús y María, uno coronado de espinas y el otro traspasado por una espada. Es una poderosa catequesis silenciosa: María está íntimamente asociada a la obra de la Redención, su Corazón Inmaculado comparte los sufrimientos del Corazón de Jesús por la salvación del mundo[17]. Al contemplar esta verdad, nos sentimos impulsados a unir también nuestras vidas a la de Cristo, ofreciendo sacrificios y obras de amor por el bien del prójimo. En la tradición vicenciana, el amor a Cristo «sirviendo a los pobres» es fundamental: San Vicente de Paúl enseñaba que la verdadera devoción consiste en hacer la voluntad de Dios en las obras, y María Santísima es el modelo perfecto de esta caridad activa. No es casualidad que la Virgen se apareciera a una Hija de la Caridad humilde y trabajadora: casi como para indicar que este don no es solo una ayuda espiritual individual, sino un impulso para servir a los demás. Desde la primera aparición, María confió a sor Catalina también una tarea concreta: fundar una cofradía de jóvenes, las Hijas de María, para formar a las muchachas en el espíritu cristiano[18]. De esa indicación nació luego la Juventud Mariana Vicenciana, presente aún hoy en muchos países. Así, la Medalla Milagrosa se vincula directamente también a un fruto del apostolado comunitario: bajo la mirada de María, los jóvenes aprenden a amar a Dios y a los pobres. Llevar la Medalla significa, por tanto, acoger el mensaje del Evangelio: recordar rezar y actuar con amor. Como dijo San Juan Pablo II en su visita a la Capilla de la Rue du Bac, María nos obtiene todas las gracias de Dios, pero «exige que nos acerquemos a ella con la confianza y la sencillez de un niño», viviendo como verdaderos hijos de Dios, coherentes en la fe y en la caridad[14].
- María, «Virgen misionera» en la Familia Vicenciana: La Virgen de la Medalla Milagrosa posee, por así decirlo, un espíritu misionero muy especial. Así lo subrayaba el P. Tomaž Mavrič, actual Superior General de los Vicencianos, al definirla «Virgen Misionera»[19]. Observa que el mismo Jesús envía a María con una misión universal: «María es enviada por Jesús a la humanidad, a cada uno de nosotros… una misión mundial que continuará hasta el fin de los tiempos. ¡María es misionera en todos los sentidos de la palabra!»[20]. A través de la sencilla Medalla, la Virgen llega a corazones que de otro modo serían inaccesibles: ¡cuántos alejados de la fe se han abierto a Dios gracias a este signo! Mavrič señala que María recibió de Cristo «el don de abrir las puertas de los corazones que están completamente cerrados… Corazones heridos por el sufrimiento interior o físico… Corazones fríos hacia todo lo espiritual»[21]. Incluso en los lugares y momentos más difíciles, Nuestra Señora de la Medalla encuentra la manera de consolar y convertir. Ya en el pasado, en épocas de persecución (como durante el régimen soviético en Rusia), los misioneros vicentinos dieron testimonio de la misteriosa eficacia de este sacramental para mantener viva la fe[22][23]. Regalar la Medalla a otros, o llevarla visiblemente, significa entonces aceptar ser nosotros mismos misioneros: significa convertirnos en instrumentos a través de los cuales María «visita» a las personas llevándoles ayuda, apoyo y luz evangélica[24]. De este modo —escribe el P. Mavrič— «ayudamos a la Virgen a llegar al corazón de las personas, abriendo puertas de las que solo Ella tiene las llaves»[25]. ¡Qué alegría y qué responsabilidad saber que, como miembros de la Familia Vicenciana, tenemos a María Inmaculada como primera colaboradora y apoyo en la misión! «Los miembros de la Familia Vicenciana están llamados a participar en la misión de Jesús porque tienen en la Virgen de la Medalla Milagrosa su principal colaboradora, guía y modelo misionero»[26], nos anima el Superior General. Llevemos siempre con fe la Santa Medalla e invoquemos a María a menudo con su jaculatoria: confiemos en su ayuda maternal, no nos separemos nunca de ella[27]!
Por último, hay que recordar que la Virgen de la Medalla Milagrosa es venerada como Madre y Patrona dentro de la gran Familia Vicenciana. La Capilla de la Rue du Bac sigue siendo un centro de espiritualidad vivo, destino de continuas peregrinaciones. La Compañía de las Hijas de la Caridad custodia ese lugar santo y mantiene encendida la lámpara de esta devoción mariana. También los papas han mostrado un afecto especial: san Juan Pablo II visitó la capilla en 1980, y el papa Francisco, el 11 de noviembre de 2020, bendijo una estatua itinerante de la Virgen de la Medalla Milagrosa para iniciar una extraordinaria peregrinación mariana por Italia[28][29]. Esta iniciativa, promovida con motivo del 190º aniversario de las apariciones, fue concebida como «signo de la cercanía de María, Madre de la Iglesia, al pueblo herido por la pandemia»[29]. Una vez más, María iba al encuentro de sus hijos que sufrían para llevarles esperanza. Esto nos confirma que el mensaje de la Medalla Milagrosa es más actual que nunca: «Yo estoy con vosotros, tened confianza, las gracias de Dios no faltarán». Nos corresponde a nosotros acogerlo y difundirlo, con el mismo espíritu de caridad de santa Catalina Labouré y san Vicente.
Hacia la fiesta del 27 de noviembre: propuestas para la preparación espiritual
¿Cómo prepararse, concretamente, para vivir la fiesta de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa? He aquí algunas propuestas prácticas para las semanas y los días previos al 27 de noviembre, adecuadas para familias, parroquias, grupos vicentinos o fieles individuales deseosos de aprovechar esta riqueza espiritual:
- Novena de oración (18-26 de noviembre): Una novena es la forma tradicional de preparar la mente y el corazón para una gran fiesta. El P. Mavrič también nos recuerda que «nueve días de preparación nos ayudan a concentrar la mente y el corazón en María… Estaremos mejor preparados para la celebración del 27 de noviembre y recibiremos mayores frutos espirituales»[30]. Por lo tanto, se recomienda rezar, durante nueve días consecutivos hasta la víspera de la fiesta, las oraciones propias de la Novena a Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa (según la tradición vicenciana). Un ejemplo autorizado es la novena propuesta por la propia Capilla de la Rue du Bac, que comienza con estas palabras: «Oh Virgen inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra, con la más viva confianza en tu poderosa intercesión, tantas veces manifestada por medio de tu Medalla, te suplicamos humildemente que nos obtengas las gracias que te pedimos con esta novena…»[31]. Podemos recitar esta súplica todos los días, junto con meditaciones sobre los mensajes de las apariciones y el rosario. Es recomendable, durante la novena, acercarse también a los sacramentos: participar en la Santa Misa diaria cuando sea posible y confesarse, para preparar dignamente el corazón[32]. Muchas parroquias vicencianas celebran la novena en forma comunitaria; en su defecto, se puede rezar en familia o personalmente. Lo importante es hacerlo «con los sentimientos de santa Catalina Labouré», es decir, con su mismo amor confiado hacia María[33].
- Adoración eucarística y oración silenciosa: María nos conduce siempre a Jesús. Por lo tanto, una hermosa manera de honrarla es detenerse en adoración a Jesús Eucaristía durante este período de preparación. Se podría organizar, en la parroquia o en la comunidad, una hora de adoración especial en honor a María, meditando sobre sus virtudes (por ejemplo, su fe, su disponibilidad al proyecto de Dios, su compasión al pie de la Cruz). Recordemos que en la primera aparición, la Virgen invitó a Catalina a arrodillarse al pie del altar y confiar a Jesús todas sus penas y peticiones[34]. Nosotros también, en la iglesia, ante el Sagrario, podemos hacer lo mismo: María misma estará espiritualmente con nosotros, rezando a su Hijo por nuestras intenciones. Un gesto sugerido es también encender una vela ante una imagen de la Virgen Milagrosa, como signo de nuestra oración que arde con confianza.
- Santo Rosario meditado: El Rosario ha sido siempre la oración mariana por excelencia, muy querida también por San Vicente. Durante los días previos al 27 de noviembre, podemos comprometernos a rezar diariamente el Santo Rosario, meditando en particular los misterios de la alegría y de la luz, que reflejan tanto la espiritualidad mariana de la Medalla (María Inmaculada, Madre de Cristo, que visita a su prima Isabel llevándole alegría, que intercede en Caná, que recibe el Espíritu Santo en el Cenáculo…). Existen también meditaciones «marianas-vicencianas» específicas: por ejemplo, ofrecer cada decena del rosario por una categoría de personas necesitadas (enfermos, pobres, solitarios, jóvenes, misioneros, etc.), pidiendo para todos la protección de la Virgen María. La Chapelle Notre-Dame de la Médaille Miraculeuse de París sugiere a los peregrinos que recen con estas intenciones universales, haciendo del rosario un momento de caridad espiritual. Se puede concluir cada rosario con la jaculación de la Medalla (repetida tres veces) y con el «Salve Regina», confiando a la Virgen todas las necesidades.
- Obras de caridad y servicio a los pobres: Prepararse para la fiesta comprometiéndose en la caridad es quizás la forma más agradable para la Virgen María, porque, como solía decir San Vicente, «amar a Dios y al prójimo son dos llamas de un mismo fuego». En concreto, podemos elegir un gesto de amor hacia el prójimo que realizar en estos días en honor a María: una visita a un enfermo o a un anciano solo, una ayuda material a alguna familia en dificultades, un gesto de atención fraterna hacia quienes sufren a nuestro alrededor. Involucrar a los jóvenes en una acción solidaria (una recogida de alimentos, un servicio a las personas sin hogar, etc.) también podría ser una excelente manera de vivir el carisma vicenciano en preparación para la fiesta. La propia María, al aparecer en 1830, demostró que le preocupaba el destino de un pueblo azotado por las guerras, las epidemias y la pobreza[35]. Su mensaje está siempre impregnado de caridad concreta: «Amaos los unos a los otros, socorre a tus hermanos». No hay devoción auténtica sin amor al prójimo: por eso pedimos a la Virgen la gracia de un corazón compasivo y traducimos nuestra oración en pequeños actos de misericordia cotidiana.
- Celebraciones comunitarias y devociones marianas: En el período inmediatamente anterior a la fiesta, muchas comunidades proponen momentos de celebración que podemos valorar. Por ejemplo, se puede organizar un triduo de preparación (los tres días del 24 al 26 de noviembre) en la iglesia o en la capilla: cada noche se reza el Rosario y se celebra la Santa Misa con una breve reflexión mariana, tal vez guiada por un sacerdote vicenciano o una Hija de la Caridad. Esta es una práctica habitual en las casas vicencianas: por ejemplo, en Cagliari, en la capilla de las Hijas de la Caridad, se celebra anualmente un triduo con rosario y misa en los días previos, y el 27 de noviembre se celebra una misa solemne con la consagración a la Virgen y la entrega de la Medalla Milagrosa a los fieles[36]. ¡Participemos siempre que sea posible! Será bonito, la tarde del 27, unirnos a nuestra familia espiritual para alabar a María. En algunos lugares también se puede organizar una procesión mariana o una vigilia de oración la víspera, llevando una imagen de la Virgen de los Milagros por las calles del barrio o dentro de la iglesia con cantos marianos tradicionales (como el himno «O María concebida sin pecado»). Otro momento conmovedor puede ser el rito de la imposición de la medalla: los sacerdotes vicentinos suelen bendecir e imponer la medalla al cuello de los nuevos miembros de la Asociación o a los niños y jóvenes que desean iniciar esta devoción. Incluso aquellos que ya la llevan pueden renovar el acto de consagración a María en esa ocasión. Por último, no olvidemos la Súplica solemne a Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa: muchas comunidades la recitan precisamente el 27 de noviembre a las 17.00 horas (la hora de la aparición), uniéndose espiritualmente a la Capilla de la Rue du Bac. Podemos encontrar el texto de la Súplica en fuentes oficiales (por ejemplo, el sitio web medagliamiracolosa.it o publicaciones vicencianas) y recitarla con un mismo propósito, pidiendo gracias especiales para la Iglesia y el mundo.
En conclusión, acerquémonos todos con corazón dócil y abierto a esta fiesta mariana. María nos tiende las manos, deseosa de colmarnos con los rayos de sus gracias. Acerquémonos a ella con sencillez de hijos, seguros de que nos obtendrá de Dios las bendiciones necesarias para nuestro camino. Será una ocasión especial para renovar nuestra devoción filial y recibir la «gracia de la Medalla Milagrosa», es decir, las gracias especiales que la Virgen quiere concedernos[37]. Preparémonos, pues, espiritualmente, en la oración y en la caridad, para que el 27 de noviembre nuestras comunidades —y nuestros corazones— sean una fiesta de luz y de agradecimiento. Como santa Catalina Labouré, también nosotros podremos experimentar la dulzura de la presencia de María y guardar sus palabras: «Yo estaré con vosotros, tened confianza». Que Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa interceda por toda la Familia Vicenciana y nos obtenga una renovada efusión del amor de Dios, para compartirla luego con cada hermano y hermana que encontremos en nuestro camino. ¡Oh María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a ti![38]
Fuentes: Congregación de la Misión – Vicentinos (vincentians.it, cmglobal.org)[39]; Familia Vicenciana – Famvin.org[40][41]; Capilla Notre-Dame de la Médaille Miraculeuse – París (chapellenotredamedelamedaillemiraculeuse.com)[31][14]; Vaticano (vaticannews.va)[29]; ACI Stampa[28]; Escritos de Santa Catalina Labouré[5][8].
[1] [8] [39] Misioneros Vicentinos Italia – 27 de noviembre – Fiesta de la Medalla Milagrosa. El relato de la aparición del 27 de noviembre de 1830
https://www.vincenziani.it/news/congregazione-generale/27-novembre-festa-della-medaglia-miracolosa-il-racconto-dellapparizione-del-27-novembre-1830.html
[2] [3] [4] [5] [6] [7] [10] [11] [12] [15] [18] La pequeña historia de la Medalla Milagrosa – FAMVIN NotiziaIT
https://famvin.org/it/2017/11/la-piccola-storia-della-medaglia-miracolosa/
[9] [34] Aparición de la Virgen María a Santa Catalina Labouré (FdC) – FAMVIN NotiziaIT
https://famvin.org/it/2011/07/apparizione-della-madonna-a-santa-caterina-laboure-fdc/
[13] [14] [31] [38] Parada espiritual | Capilla Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa
https://www.chapellenotredamedelamedaillemiraculeuse.com/langues/italiano/sosta-spirituale/
[16] [32] [33] Novena en preparación para la conmemoración de la aparición de la Virgen «de la Medalla Milagrosa» – Veritatemincaritate
https://www.veritatemincaritate.com/wp/2020/11/novena-in-preparazione-alla-ricorrenza-dellapparizione-della-madonna-della-medaglia-miracolosa/
[17] Rincón de oración | Capilla Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa
https://www.chapellenotredamedelamedaillemiraculeuse.com/langues/english/halte-spirituelle-gb/
[19] [20] [21] [22] [23] [24] [25] [26] [27] [30] [40] [41] Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa – Virgen Misionera – FAMVIN NotiziaIT
https://famvin.org/it/2016/11/madonna-della-medaglia-miracolosa-vergine-missionaria/
[28] Desde Lamezia en TV2000 sobre la peregrinación de la Virgen de la Medalla Milagrosa – FAMVIN NotiziaIT
https://famvin.org/it/2021/02/da-lamezia-su-tv2000-sul-pellegrinaggio-della-madonna-della-medaglia-miracolosa/
[29] [35] El Papa bendice la estatua mariana de la Medalla Milagrosa – Vatican News
https://www.vaticannews.va/it/chiesa/news/2020-11/papa-benedizione-medaglia-vergine-vincenziani-pellegrinaggio.html
[36] [37] Fiesta de la Medalla Milagrosa: triduo de preparación y misa – Kalaritana Media
https://www.kalaritanamedia.it/festa-della-medaglia-miracolosa-triduo-di-preparazione-e-messa/