La paz, arte de la caridad: reflexión e invitación a los misioneros de San Vicente de Paúl

La paz está en el centro de la misión cristiana y de la espiritualidad vicenciana. El tema se examina a la luz de las encíclicas papales y del ejemplo de San Vicente de Paúl, fundador de la Congregación de la Misión. Una invitación a redescubrir la promoción de la paz como tarea esencial para cada cohermano y para la Iglesia de hoy.

La paz como corazón de la misión

La promoción de la paz no es solo una de las dimensiones de la caridad cristiana, sino que representa la realización más elevada del Evangelio, el sueño mismo de Dios para la humanidad. En un tiempo marcado por los conflictos, la indiferencia, las injusticias y las nuevas formas de pobreza, la Iglesia —y en particular los hijos e hijas de San Vicente de Paúl— están llamados a ser artífices de la paz, dando testimonio con su vida y con sus acciones de que la paz es posible y que nace del amor vivido, de la justicia y del servicio a los últimos.

El fundamento evangélico: la paz como don y tarea

La raíz de la paz cristiana está en el amor de Dios: «Dios es amor; quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios permanece en él» (1 Jn 4,16). Benedicto XVI recuerda que ser cristiano no nace de una decisión ética o de una gran idea, sino del encuentro con Cristo, que transforma el corazón y orienta la vida hacia el amor activo, hacia el compromiso concreto con el otro¹. La paz, por lo tanto, no es la simple ausencia de conflicto, sino la plenitud de las relaciones reconciliadas, la comunión, el respeto de la dignidad de cada persona. Es un don que hay que acoger y una tarea que hay que construir cada día. El papa Francisco escribe: «Soñemos como una única humanidad… ¡todos hermanos!» (Fratelli tutti, n. 8)². La verdadera paz es el sueño de Dios que se convierte en misión del cristiano.

Paz, justicia y promoción integral de la persona

No hay paz sin justicia, y no hay justicia sin la capacidad de mirar al otro con los ojos de Cristo. El papa Benedicto XVI enseña que «la caridad no es para la Iglesia una especie de actividad de asistencia social… sino que pertenece a su naturaleza, es expresión ineludible de su propia esencia» (Deus Caritas Est)³. La caridad es siempre también compromiso con la justicia social: la fe impulsa a denunciar las injusticias y a promover condiciones de vida dignas, en las que nadie sea descartado ni abandonado. El papa Francisco recuerda que «muchas formas de injusticia […] se alimentan de visiones antropológicas reduccionistas y de un modelo económico basado en el lucro, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre» (Fratelli tutti, n. 22)⁴. Trabajar por la paz significa, pues, comprometerse con los pobres y los excluidos, porque «el verdadero tesoro de la Iglesia son los pobres» (San Lorenzo, citado por Benedicto XVI).

En la tradición vicenciana, la promoción de la paz y la reconciliación se consideraba un verdadero «servicio de misericordia». Así lo afirma San Vicente en las Reglas Comunes:

«Aunque cada uno debe desear ardientemente y, cuando se presente la ocasión, pedir humildemente ser empleado en la asistencia a los enfermos y en la composición de disputas y discordias, sobre todo en el curso de las misiones, sin embargo, para que la caridad esté bien ordenada por la obediencia, nadie se encargará de estas obras de misericordia sin haber sido autorizado por el Superior».

(Reglas comunes, I, 8)⁹

Esta atención muestra cuánto la «paz social» es parte esencial de la misión vicenciana: ser mediadores, pacificadores, instrumentos de comunión en los lugares más marcados por los conflictos y las divisiones.

Esperanza, diálogo, reconciliación: el camino vicenciano hacia la paz

La esperanza es el alma de la paz cristiana: «Hemos sido salvados en la esperanza…» (Spe Salvi, n. 1)⁵. La esperanza permite afrontar el presente, incluso cuando es difícil y está marcado por el dolor, con el valor de quien sabe que la meta es grande, que la promesa de Dios es cierta. La cultura de la paz se construye con el diálogo y la reconciliación. «El proceso de paz es […] una labor paciente de búsqueda de la verdad y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y abre, paso a paso, a una esperanza común, más fuerte que la venganza» (Fratelli tutti, n. 226)⁶. La paz es «artesanal», se construye en la vida cotidiana: acogiendo, perdonando, derribando los muros de la indiferencia, del miedo, de la resignación. Este es el camino indicado por el buen samaritano y vivido por San Vicente en sus mil gestos de cuidado, escucha, servicio y mediación entre los hombres.

San Vicente recomendaba también una actitud evangélica ante las persecuciones, las injusticias y las calumnias:

«Si la divina Providencia permite que la Congregación o una de sus casas o uno de sus miembros sean, sin motivo alguno, golpeados y puestos a prueba por calumnias o persecuciones, nos abstendremos con gran cuidado de toda reclamación, maldición e incluso de toda queja contra los mismos perseguidores y calumniadores; más aún, alabaremos y bendeciremos a Dios, dándole gracias con alegría como por unaoportunidad de gran bien… rezaremos de corazón por todos ellos y, si se nos presenta la ocasión favorable, les haremos el bien, teniendo presente lo que Cristo nos manda a nosotros, como a todos los demás fieles, cuando dice: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian y orad por vuestros perseguidores y calumniadores» (Mt 5, 44).»

(Reglas comunes, XII, 13)¹⁰

Esta espiritualidad de paz activa, mansa, perseverante y misericordiosa debe animar también hoy nuestro servicio y nuestro testimonio.

La paz como caridad vivida y acción eclesial

La Iglesia y los misioneros vicentinos están llamados a anunciar y dar testimonio de la paz no solo con palabras, sino con una caridad activa, inteligente y organizada. El papa Benedicto XVI subraya que «el amor —caritas— será siempre necesario, incluso en la sociedad más justa. No existe ningún orden estatal justo que pueda hacer superfluo el servicio del amor… Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad» (Deus Caritas Est)⁷. Por eso, la promoción de la paz parte de la construcción de comunidades que vivan la comunión y la solidaridad, que cuiden de los pequeños, de los que sufren, de los necesitados. La paz evangélica se expande así: de la oración al servicio, de la Eucaristía a las periferias de la existencia, del anuncio a la promoción de la justicia y la dignidad.

El arte de la paz en la estela de San Vicente

«El amor es posible, y nosotros somos capaces de practicarlo porque hemos sido creados a imagen de Dios. Vivir el amor y así hacer entrar la luz de Dios en el mundo, he aquí a lo que quiero invitar con la presente encíclica» (Deus Caritas Est)⁸.

San Vicente de Paúl no solo anunció la paz, sino que la sembró con gestos concretos de reconciliación, con la mediación entre los pobres y los poderosos, con el servicio a los últimos y el cuidado de las comunidades heridas por las discordancias. Su ejemplo nos enseña que la paz no nace de la ausencia de problemas, sino de la caridad activa que compone los conflictos, sabe perdonar y se convierte en instrumento de comunión.

Cada hermano está llamado a prolongar en el tiempo el arte de la paz de San Vicente:

  • acercarse a quienes sufren divisiones,
  • educar en la reconciliación,
  • apoyar los caminos del perdón,
  • ser humildes artífices de la fraternidad en las familias, en las comunidades, en la sociedad.

En el camino trazado por Jesús y vivido por San Vicente, redescubrimos la belleza y la urgencia de la paz como caridad en acción, como esperanza que no defrauda, como camino de fraternidad universal.

Que el Señor de la paz, por intercesión de San Vicente de Paúl, nos haga instrumentos dóciles y creativos de su amor, sembradores incansables de reconciliación y comunión.

Girolamo Grammatico
Oficina de Comunicación

Notas

  1. Benedicto XVI, Deus Caritas Est, n. 1.
  2. Papa Francisco, Fratelli tutti, n. 8.
  3. Benedicto XVI, Deus Caritas Est, n. 25.
  4. Papa Francisco, Fratelli tutti, n. 22.
  5. Benedicto XVI, Spe Salvi, n. 1.
  6. Papa Francisco, Fratelli tutti, n. 226.
  7. Benedicto XVI, Deus Caritas Est, n. 31.
  8. Benedicto XVI, Deus Caritas Est, n. 39.
  9. San Vicente de Paúl, Reglas comunes de la Congregación de la Misión, I, 8 (Tomo 9A).
  10. San Vicente de Paúl, Reglas comunes de la Congregación de la Misión, XII, 13 (Tomo 9B).
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