Nacido en Vico en 1925, Pierre inició sus estudios de medicina con el anhelo de curar los cuerpos, pero pronto sintió que Dios le pedía curar también las almas. Respondiendo al llamado sacerdotal, fue ordenado en 1959. Ese mismo año, su vida cambió para siempre al ser enviado a Madagascar, una tierra que acababa de ser brutalmente golpeada por un ciclón. Ante tanta desolación, tomó una decisión firme: quedarse allí para siempre.
Toda su misión estuvo empapada de la caridad vicenciana y de una inmensa cercanía con los más excluidos. Participó de forma heroica en la evangelización y desarrollo de la región de Fort-Dauphin (hoy Tôlagnaro) y, reconociendo su labor, el Papa Pablo VI lo consagró obispo en 1969. Siempre guiado por su lema episcopal «Caritas Christi urget nos» (La caridad de Cristo nos impulsa), se convirtió en una figura tan paternal que el pueblo malgache comenzó a llamarlo afectuosamente «Dadabe», que significa abuelo o sabio.
Vivió siempre a pie de calle, con las puertas abiertas y el corazón dispuesto, especialmente para los más vulnerables, permaneciendo en Madagascar hasta el día de su muerte en 2017, a los 92 años. Tras su fallecimiento, el inmenso amor del pueblo quedó demostrado cuando su cuerpo fue trasladado a la catedral de Tôlagnaro para su descanso final. Su recuerdo está más vivo que nunca y su creciente fama de santidad ha propiciado que comience a considerarse seriamente la apertura de su causa de beatificación.