
Nuestra Señora de Guadalupe es la Virgen María, Madre de Dios, que se apareció en México en diciembre de 1531. Se manifestó a un indígena llamado Juan Diego en el cerro del Tepeyac. Esta aparición transformó para siempre la fe de todo un continente.
Según el relato conocido como el Nican Mopohua, Juan Diego escuchó un canto celestial mientras atravesaba el Tepeyac y vio a una Señora radiante, vestida con atuendos que reflejaban la cultura azteca. Ella se reveló como María, Madre del verdadero Dios, y pidió que se construyera una iglesia en aquel lugar.
Cuando el obispo Zumárraga le pidió una señal, María respondió con un milagro: rosas que florecieron en invierno y que Juan Diego llevó en su tilma. En esa tilma quedó impresa la imagen de la Virgen: la misma imagen sagrada que hoy se conserva en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en Ciudad de México.
La tilma de Juan Diego se exhibe en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en Ciudad de México, el santuario mariano más visitado del mundo.
La verdad es que ningún artista humano pintó la imagen. Estudios científicos han confirmado la ausencia de pinceladas, pigmentos o bocetos. Los colores parecen flotar sobre la propia tela. La tilma, confeccionada con fibra de maguey, debería haberse deteriorado en unos 20 años; sin embargo, ha sobrevivido casi 500 años, intacta e incorrupta.
El manto incluso resistió el derrame de ácido nítrico en 1791 y la explosión de una bomba en 1921, sin que la imagen sufriera daños. Estas cualidades milagrosas siguen inspirando devoción y asombro científico.
Su aparición como una joven indígena fue un signo poderoso de la cercanía de Dios con los pobres y marginados. Ella tendió un puente entre la cultura azteca y el cristianismo, favoreciendo la evangelización y la unidad en el continente americano.
Hoy es venerada como Patrona de México, de América y del mundo hispanohablante. Su mensaje es de compasión, justicia y esperanza: valores que siguen resonando en distintas culturas y generaciones.
Cada año, el 12 de diciembre, la Iglesia celebra la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, conmemorando el día en que su imagen milagrosa apareció en la tilma de Juan Diego. Millones de peregrinos acuden a su santuario en Ciudad de México, convirtiéndolo en una de las mayores concentraciones religiosas del mundo.
La fiesta es, al mismo tiempo, una celebración religiosa y una expresión cultural de la devoción a María y de la unidad de los pueblos latinoamericanos.

La historia de Nuestra Señora de Guadalupe y Juan Diego es inseparable. María eligió como mensajero a un hombre humilde e indígena, recordando a la Iglesia la predilección de Dios por los pobres y sencillos. En 2002, Juan Diego fue canonizado santo, y su vida sigue inspirando fe y humildad.
La devoción a Nuestra Señora de Guadalupe está profundamente arraigada en la espiritualidad de muchos Vicencianos en América Latina. Los Vicencianos, conocidos por su compromiso con el servicio a los pobres y la promoción de la justicia social, encuentran en Nuestra Señora de Guadalupe un modelo de caridad y servicio. Su aparición a un humilde indígena, Juan Diego, y su mensaje de amor y compasión conectan con los valores fundamentales de la tradición vicenciana.
Nuestra Señora de Guadalupe es vista como ejemplo de humildad, fortaleza y entrega, cualidades que inspiran a los Vicencianos en su trabajo cotidiano. Su fiesta, el 12 de diciembre, es un momento significativo para los Vicencianos de todo el mundo, especialmente en América Latina, para renovar su compromiso de fe y servicio a los demás.
Sí. Nuestra Señora de Guadalupe es la Virgen María, Madre de Jesús, que se apareció bajo esta advocación especial en México.
Su imagen se ha convertido en un signo universal de fe, esperanza y protección. Inspira devoción no solo en América Latina, sino también en todo el mundo, recordando a los fieles que Dios se acerca a cada cultura y a cada pueblo.
Oh Virgen Inmaculada de Guadalupe, Madre del verdadero Dios y Madre nuestra, te confiamos nuestras vidas, nuestras familias y nuestras comunidades. Guíanos con tu presencia, intercede por nosotros ante tu Hijo e inspíranos a vivir con humildad, fe y amor. Amén.
Girolamo Grammatico
Oficina de Comunicación