La Carta de Adviento 2025 del Superior General nos invita a entrar en el tiempo litúrgico de la espera con el corazón despierto y la mirada purificada por el Evangelio. A la escuela de San Vicente, se nos llama a vivir una «mística de la caridad» que no se cierra en el sentimiento, sino que abre los ojos a los pobres, a los descartados, a todos aquellos que esperan una señal de esperanza concreta.
En estas páginas, el Adviento se revela como un tiempo de conversión de la mirada: dejarnos alcanzar por el Amor de Cristo para convertirnos, en nuestras comunidades y en nuestras obras, en signo visible de su ternura y de su justicia. La tradición vicenciana se reinterpreta como un camino exigente y a la vez humilde, en el que la oración, la vida fraterna y el servicio a los pobres son una única respuesta a la llamada del Espíritu.
Encomendamos este camino a la intercesión de María y de San Vicente de Paúl, para que la Familia Vicenciana, en todas las partes del mundo, pueda renovar en este Adviento el celo misionero y la pasión por los pobres, reconociendo en ellos el rostro mismo de Cristo que viene.